domingo, 13 de mayo de 2007

ESTADIOS FEMENINOS

El progreso no siempre se corresponde con mejoras. Se supone que gracias a los avances tecnológicos debe resultar mucho más sencillo conservar en buen estado un césped ahora que hace 25 años. Sin embargo la práctica niega esa deducción. Riazor es un estadio infrautilizado. No sólo en lo comercial y derivados sino también en lo básico, el fútbol. Ahora mismo sólo el Dépor pisa su hierba cada quince días. Como excepción puede entrenar allí una vez a la semana, pero nada más. Así es desde hace más de una década. Pero antes las cosas eran muy distintas. En los años 50 y 60 el entonces robusto balompié modesto herculino también disputaba encuentros en Riazor con cierta regularidad. Más recientemente, en los ochenta, no sólo el Dépor de la 'longa noite de pedra' utilizaba el estadio municipal sino que allí también disputaba sus partidos el Fabril. Y la pradera lo aguantaba sin mayores problemas, con la excepción de los primeros meses de la temporada 83-84, cuando la multitud que ocupó el recinto para presenciar un histórico concierto de Luz Casal, Leño y Miguel Ríos provocó unos daños que tardaron en ser subsanados. Pero el fútbol siguió. Con el filial, el primero equipo y... el conjunto femenino. Porque en aquellos tiempos malditos no todo eran decepciones. Muy al contrario. Riazor no sólo lloraba ascensos frustrados en el último partido. También celebraba victorias.



La primera Liga vestida de blanquiazul coruñés no se remonta a 2000. En los ochenta, el Karbo Deportivo logró cinco títulos. Varias de sus jugadoras formaban la columna vertebral de la selección española. Ahora y tristemente, el fútbol femenino apenas existe en A Coruña. Sí lo hay en Bilbao. Allí juegan hoy los chicos de Caparrós. A orillas del Nervión viven una situación parecida a la de Riazor hace dos décadas: triunfan las féminas y tiemblan los hombres. El pasado fin de semana, 25.000 personas celebraban en San Mamés el título de Superliga conquistado por el Athletic femenino. Esta tarde, unas cuantas más sufrirán con su mítico equipo en una nueva cita con la que evitar el que sería el primer descenso de su trayectoria. Pero en lo que respecta a los géneros, pocas semejanzas más hay entre bilbaínos y coruñeses.



En un medio de preponderancia masculina por tradición como es el fútbol resulta chocante que la sociedad más clásica de todas, el Athletic, esté presidida por una mujer, Ana Urkijo. En casi 20 años de lendoirismo, sólo los hombres han tenido acceso a la directiva del Dépor. Lo más cercano ha sido una secretaria, Berta Vales. De poco ha valido la espectacular incorporación de la mujer a las gradas de Riazor o a otros importantes sectores del entorno blanquiazul, como por ejemplo la prensa. La paridad no alcanza los terrenos dirigentes. Y, lo que es peor, nadie se plantea recuperar la gloria femenina de aquel Karbo, heredero directo de otro mito del fútbol femenino, la pionera Irene González, que en los años 20 rompió con cientos de tabús sociales y se vistió de corto en los campos herculinos. Mientras, San Mamés se relame con el que pudo ser el último título de su historia. Al hogar de los 'leones' le queda poco tiempo de vida. Y quiere pasarlo en Primera. La permanencia ya es un triunfo. Para éxitos, tienen a las chicas. Por algo al estadio le llaman La Catedral, un femenino. Hace años, Riazor también lo fue.

viernes, 11 de mayo de 2007

PRESUMIR Y CARECER

Dentro del escaso nivel futbolístico de la Liga española sólo dos equipos han acompañado a Barça y Sevilla en la cofradía del buen gusto: Getafe y Recre. Otros justifican su tostón con alusiones a otros valores. "El Dépor es un equipo incomodo, de mucha brega, claro... es un equipo de Caparrós", suelen decir los adversarios la semana previa a tener que enfrentarse a los blanquiazules. Pero de eso, nada.

El Getafe poco tenía que hacer en su vuelta de semifinales ante el Barça (5-2 en la ida). Pero con garra, fe y buen juego logró un 4-0 histórico. Un día antes, ese equipo al que el nervio de su entrenador concede "incomodidad y brega" volvió a pasearse sin ansia cuando se debía a la heroica y fue arrasado en media hora por el Sevilla, que después se entregó a la siesta mientras su rival se echaba alguna carrera sin sentido, de galería. No hace falta ser muy listo para percatarse de la mentira y decorarla con el obvio refrán de: "dime de que presumes y te diré de que careces".

jueves, 10 de mayo de 2007

HIMNOS A CIEN

Los dolores en el orgullo provocan exageraciones. Buena parte de la afición deportivista abandonó su estadio después del 0-3 de la ida de la semifinal copera ante el Sevilla dominada por tal grado de humillación que no dudó en utilizar la ironía como doloroso punzón. "Estarás contento con tu equipo en la final" le espetaron a Caparrós a la salida del vestuario, frase a la que el técnico respondió con histeria e incidente. Al día siguiente, el utrerano pidió disculpas sin focos por medio. Y digirió la lección. La lógica sincera de su sevillismo tenía estos peligros. Desde entonces, y no parece casualidad, su comportamiento en la banda de Riazor resulta especialmente apasionado. Pero está por ver cómo actuará esta noche en su querido Pizjuán.


Muy mal se le tendrían que dar las cosas a los hispalenses para verse eliminados por el Dépor. Por lo tanto, el sevillismo espera celebrar hoy su acceso a la segunda final de la temporada después de la de la Copa de la UEFA. Fiesta. Cánticos. Sonará el himno de su Centenario entonado por unas 40.000 gargantas. Las malas lenguas dicen que esa fue la canción que utilizó Caparrós para motivar a sus chicos cuando visitó al Betis. Él lo negó, aunque sí reconoció haber pinchado temas de sus autores, El Arrebato. Hasta ese punto llegaba el mestizaje entre sevillismo y deportivismo que abanderó hasta el infausto encuentro de ida. Una actitud asumible en vista de las magníficas relaciones entre los dos clubes y su gente, pero que poco a poco se fue cargando de un tono confuso y de suplantación que también abrió otra vía, la comparativa. Y es que Sevilla y Dépor comparten tiempos de Centenario ampliado. Con sabor muy distinto en ambos casos. Y no sólo en lo futbolístico.



En el plano social, la celebración del siglo sevillista se ha convertido en un referente. La implicación de los aficionados ha estado presente a lo largo de estas dos temporadas, logrando hitos tan importantes como el récord de ventas del himno compuesto por El Arrebato, de una calidad musical y sentimental bastante digna sobre todo en función a lo habitual en los terrenos musicales del fútbol español, todavía ligados al "a por ellos", "somos los mejores" y demás tonterías. El último ejemplo se encuentra en la acera contraria al Sevilla, donde un sector del beticismo (que también cumple la centuria) intenta provocar el éxtasis popular con la Sevillana del Guau Guau, dedicada a Hugo, el perro de Lopera, famoso al parecer por su fervor cuando ve los partidos verdiblancos por televisión. La equivalencia con himnos de auténtica cultura futbolística como el evidente You´ll Never Walk Alone del Liverpool resulta simplemente sonrojante.


Y es que lo que ocurre alrededor de una pelota no se puede entender en toda su dimensión sin la vertiente melódica de las gradas. Los históricos éxitos del Centenario sevillista se deben también al carácter que impone su canción. Las bandas sonoras nunca son una anécdota. Hasta su ausencia resulta significativa. Los festejos por el siglo deportivista han sido de rango menor a pesar de la indiscutible emoción que provocaron algunos de ellos. Pero en A Coruña no se han visto banderas por las calles y menos en el Ayuntamiento. Se ha infrautilizado la camiseta conmemorativa. Y a pesar de la gran tradición musical gallega, el Centenario blanquiazul ha transcurrido sin himno. Desde el club se apuntó esa posibilidad y hasta se deslizaron nombres como el de Susana Seivane. Sin embargo, la dejadez o la imposibilidad silenciaron la fiesta. Y en fútbol hay pocas cosas peores. Porque son los triunfos los que hacen grande a un club, pero son los cánticos de su pueblo los que lo hacen eterno.

lunes, 7 de mayo de 2007

DILEMAS

La Liga entra en su fase final, con toda su mezcla de intereses y contradicciones. Las hinchadas se construyen en torno a una filia evidente y unas fobias más o menos elegidas. Y cuando llegan las fechas decisivas una y otras se confunden. Hay aficionados del Atlético a los que no les importaría perder ante el Barça para así perjudicar al Real Madrid. Muchos deportivistas desean caer ante el Athletic con el fin de dificultar aún más la permanencia del Celta. Se mezcla la devoción y el rechazo. Y la balanza no ofrece resultados claros. Necesitamos aliados, pero también adversarios. Así nacen los dilemas.

Por una vez, en eso la política es más clara que el fútbol. La mayoría vota en contra de alguien. Muchos acudirán a las inminentes municipales a evitar el triunfo del enemigo, sin dudas y capaces para ello de aliarse con el diablo menos infernal.

En el fondo, lo que queda claro es que somos lo que nos hacen los que nos rodean. Sobre todo, aquellos a los que odiamos. Aunque suene raro.

domingo, 6 de mayo de 2007

ERROR DE MARIÑEIRO

En un espectacular y agredido territorio costero de apenas quince kilómetros conviven tres municipios gallegos. Son Fisterra, Corcubión y Cee. Conforman un trío lleno de rivalidades pero complementario entre sí. Fisterra aporta leyenda y esencias mariñeiras; Corcubión pone los despachos de la burocracia y la dignidad de las viejas casas de piedra mientras que Cee se reserva el comercio y el ansia capitalino. Hay matices, pero cada localidad tiene su papel. Y no es fácil encontrar alguien que reúna de manera individual tantas características. Pero se puede intentar. Por ejemplo, buscando en el Dépor. Más de un periodista que sigue al conjunto blanquiazul procede de aquella zona, que también ha dado jugadores del pasado como Traba o Castreje. Uno de los políticos herculinos que más se ha destacado por su pasión blanquiazul (Henrique Tello, del BNG) también hunde sus raíces en esa comarca occidental de A Costa da Morte. Y, por supuesto, allí nació el presidente deportivista, Augusto César Lendoiro. Quizá en él aparezcan juntas todas las características de Fisterra, Cee y su natal Corcubión. Respectivamente, pescadora, comerciante y judicial. Así son ellas; así es él.

Al mandatario blanquiazul le gusta presumir de origen. Confiesa que uno de sus grandes orgullos es la gestión que encabezó en Bergantiños y Soneira cuando estaba al frente de la Diputación, antes de que sus habituales y poco diplomáticas reivindicaciones le relegaran a la fila invisible del PP. Pero sin duda, cuando más evidente hace esa supuesta pasión de cuna es al presentarse a sí mismo como un esforzado trabajador del mar, en la línea de sus paisanos. Una de sus frases preferidas es aquella en la que se define como “pescador que tiene una caña y si no pesca hoy pescará mañana”. La imagen de un Lendoiro calado hasta las cejas en medio del temporal y arrastrando redes de peixe resulta absolutamente irreal. Se refiere a los bancos de futbolistas.

La línea marcada por Lendoiro al frente del club coruñés está repleta de virtudes y defectos. Entre las primeros, tal y como ni siquiera sus detractores niegan, se encuentra un amplio conocimiento del balompié mundial. Es un presidente que sabe de fútbol. No abundan. Y a la hora de las contrataciones eso se ha notado. Muchos de los éxitos del Dépor se basaron en su buen ojo clínico, desgraciadamente combinado con operaciones dudosas que van desde Milovanovic hasta Taborda. Pero las positivas suman una buena lista, escrita además aprovechando espacios de nivel modesto, como por ejemplo los descensos o la elite de Segunda. Ejercicio habitual de los medios al final de cada curso es el de examinar las plantillas de los conjuntos que perdieron la categoría y también los primeros puestos de la tabla de goleadores de la división de plata. En este último espacio explotaron delanteros básicos para entender el pasado reciente del Dépor. Directamente o con una estación intermedia, por ese sendero llegaron Pauleta, Turu o Makaay. También Rubén. Se intentó con muchos más, por ejemplo Soldado o Uche, pichichis de Segunda la pasada campaña. Sin embargo, una presa mayor se escapó rumbo a otro barco.

El Valencia visita hoy Riazor con un gran recuerdo en la retina. Hace un año venció en A Coruña gracias a un antológico gol de David Villa, principal peligro esta noche para los blanquiazules. El asturiano, pretendido ahora por el Chelsea, surgió del mismo caladero donde siempre pescaba Lendoiro. Despuntó en Gijón, en Segunda. Era un diamante en bruto. En 2003, el Zaragoza lo firmó por 2,8 millones, cifra que el Dépor podía asumir entonces. Pero lo capturó otro. Un fallo asumible. Pero por algo los lobos de mar tienen prohibido dormirse en plena marea.

viernes, 4 de mayo de 2007

EL EFECTO NADA


Enviar al receptor un mensaje limpio y fácil es uno de los clichés básicos de la información de trascendencia menor, como es, aunque no siempre, la deportiva. Esta evidencia genera dos caras contradictorias. Por una parte se ha creado una charcutería de tópicos y perogrulladas infantiles; por la otra se ha encontrado la libertad necesaria para explorar a fondo los golosos terrenos del periodismo creativo. Como consecuencia equidistante de esto surgen multitud de titulares que buscan un término rápido pero llamativo con el que explicar la más mínima razón futbolística. Hasta llegar al hartazgo. Por ejemplo, de forma continua se habla del “efecto”. A él se le añade un nombre. Pero casi nunca significan lo mismo. Y lo que es peor, la mayoría de las veces ni siquiera existe el manido efecto.

El último y más cacareado efecto se localizó en Vigo y llevó el nombre de Stoichkov. Se acudió en él en base a las leyes del balompié moderno, que tiene mucho de mediático pero poco de fútbol. Sacudido por la cercanía del pozo, el Celta contrató a un ex jugador de primer nivel que nada había demostrado aún en los banquillos. Pero se creía que su carácter y la ilusión popular que despertaba su llegada bastaría para ahuyentar el yugo del descenso. Los defensores de esa teoría sacaron pecho por una victoria sin alardes ante un Dépor que pisó Balaídos vencido. Dos partidos después, el equipo vigués ha alcanzado su mayor cota de apatía y derrotas. Todo lo contrario a lo que se intuía con la llegada de Stoichkov, que más que efecto ya se perfila como espejismo.

A otros técnicos con una carrera muy superior a la del búlgaro también se les supone un efecto. Al del Dépor, por ejemplo. Antes de la nefasta semana del derbi en Vigo y la semifinal de Copa, todas las previsiones hacían referencia al peligro del efecto Caparrós. Se basaba en que la rabia e intensidad vital del utrerano convertiría en guerreros espartanos a sus chicos ante el horizonte de una difícil batalla. Pero nada. Otro efecto inútil. Pocas veces se ha visto a un Dépor con tan poca garra como en esos dos choques.

En lo alto de la tabla también se dan estos curiosos fenómenos. El Real Madrid recuperó en verano todas sus imperiales aspiraciones con el efecto Capello como epicentro del resurgir. En teoría, su mano dura mussoliniana devolvería a los blancos a la gloria después de años de libertinaje destructivo. Resultó un desastre. El Madrid sólo ha funcionado a partir del momento en que Capello desliza su adiós, relaja las normas militares y repesca a las estrellas arrestadas como Beckham.

Y es que hay mucho de efecto, pero especial, en estos embustes publicitarios. Al final, sólo son reales los que vienen del pueblo. El efecto Anfield contra el Chelsea, por ejemplo. El efecto Riazor contra el Valencia, quizá. Esos sí. El resto es sólo pirotecnia para películas de fantasmas.


Rodri Suárez

(Publicado en La Opinión de A Coruña)

martes, 1 de mayo de 2007

LA ANOMALÍA FUTBOLÍSTICA

Cada vez ocurre menos, pero hoy como cada Primero de Mayo han salido a la calle los sindicatos y, con ellos, las habituales consignas contra el poder y los poderosos. El aspecto de los asistentes a las manifestaciones no se distingue demasiado del de los que acuden cada fin de semana a las gradas de los estadios. La normal pinta de los líderes obreros es la misma que presenta cualquier hincha bufandero, de taberna y grada barata. Sin embargo, algo cambia. Porque el fútbol no siempre está expuesto a las mismas valoraciones que el resto de cosas. El cariño a los que mandan sirve de ejemplo.

Muchos trabajadores de bandera roja añaden los domingos una franja blanca a su enseña en honor al Atlético de Madrid. Durante años, el conjunto del Manzanares fue dirigido por Jesús Gil, un ricachón populista cuyas prácticas delictivas todo el mundo intuía. Pero ello no impidió que fuera bastante querido por las huestes colchoneras. Cuando falleció, el Calderón le tributó un enorme homenaje. Y el campo lo llenaban los de siempre, no 50.000 empresarios sin escrúpulos. Ahí se hizo evidente que algunos de los mismos obreros que atacan al capital cada 1º de Mayo veneran en el plano futbolístico a sus teóricos enemigos. Es una anomalía de difícil explicación. Y que provoca más de una arcada.

Ayer, el periódico del principal grupo de comunicación 'progresista' de España desvelaba que la herencia que dejó Jesús Gil en Marbella (donde fue alcalde) se resume en cientos de casos de corrupción y 30.000 viviendas ilegales. Pocos días antes, una de las estrellas de la emisora radiofónica de ese mismo grupo se había referido al fallecido regidor y ex presidente atlético con un cariñoso y nostálgico "tío Gilito". El mismo personaje es mafioso y benefactor a la vez. Todo un enigma. O no.