miércoles, 30 de mayo de 2007

ELECTORALES (y II)

Una tercera nota común entre las elecciones del domingo y el fútbol, esta vez en clave local.

C) VOTO DE SILENCIO.
Deben ser malos tiempos para la publicidad política. Algunas llamativas promociones no se tradujeron en votos. Y a otros, que no se presentaban pero cuya sombra siempre planea sobre la política municipal de A Coruña, los resultados les favorecieron más que hace cuatro años, cuando sí irrumpieron en campaña pero luego vieron que las urnas no llenaban sus sugeridos intereses, aunque los rozaban. En 2003, Lendoiro protagonizó varias portadas en los días previos a la votación con su proyecto de un nuevo Riazor. Esta vez estuvo callado. Sin embargo, su eterno adversario el 'vazquismo' sí recibió un varapalo. Y en el gobierno herculino podrá entrar el político actual con el que más sintonía mantiene en temas locales (en lo ideológico nada tienen que ver), el muy deportivista Henrique Tello, habitual de las gradas de Riazor y también del palco en los últimos tiempos. Su presencia al lado de Losada puede abrir un puente entre el alcalde y el presidente del Dépor. La nueva reivindicación del dirigente blanquiazul es construir un estadio moderno en los terrenos liberados del puerto. PSOE y BNG mantienen gruesas diferencias sobre las posibilidades de esa zona. Por lo tanto, parece claro que, gracias al silencio, Lendoiro podrá volver a hacer ruido en María Pita.

martes, 29 de mayo de 2007

ELECTORALES

Coincidieron en un mismo día la jornada de Liga y las elecciones municipales. Dos cosas comunes.

A) TODOS GANAN
El PP venció en voto total, el PSOE en poder, los nacionalismos se mantienen y como es normal en el reino del cinismo, hasta los que se llevan un palo en las urnas son capaces de recibir aplausos, proclamar victorias y descorchar vinos espumosos. En la Liga, la terna de candidatos al título también ganó. Como sus rivales, triunfadores si se aferran al árbitro, a la dignidad o a la suerte. En definitiva, un mundo feliz. Los perdedores están mal vistos.

B) LO ÚTIL
Gracias al sistema de mayorías los partidos pequeños tienen muy complicado el acceso a las instituciones. Sólo los del segundo escalón (BNG, IU...) pueden conseguirlo. Pero aún así, están a merced de eso que se llama voto útil, la versión electoral del mal menor. Muchos votarían otras siglas, pero por miedo a que no sirvan en el cómputo total se decantan por los mayoritarios. Eligen la segunda opción entre sus preferencias. Y está bien visto. Sin embargo, en la Liga es al revés. Muchos hinchas del Osasuna (en vista de que casi no se jugaban nada) preferían perder su partido y beneficiar así a sus amigos de la Real, su segunda opción, su voto útil. No obstante, por ello se les acusó de antideportivos y un sinfín de calamidades más. Se ve que lo que sirve para una cosa no vale para la otra. Pero las dos son muy parecidas. Y legítimas, aunque un poco injustas.

sábado, 26 de mayo de 2007

EXAGERA QUE NO ES POCO

Para demostrar las semejanzas y conexiones que existen entre la política y el fútbol sólo es necesario algo tan evidente como recordar que ambas actividades se basan en el factor humano, con sus grandezas y miserias. Si la sociedad transita determinadas vías, por ahí irán sin titubeos los partidos, sean de balón o de papeletas. Eso explica el éxito del alarmismo y la necesidad de supuestas crisis de la que se alimentan clubes, siglas y el amplísimo caudal de personas que los siguen. Ninguno parece funcionar sin la sombra de un terrible e inminente peligro. Aunque sea artificial. Lo importante es exagerar. Lo prueba la campaña electoral de unas elecciones que hoy se reflexionan al mismo tiempo que el Dépor visita al Real Madrid, otro ejemplo claro de extremismo vital.

Dentro de un par de años, revisar las hemerotecas para comparar la realidad con lo profetizado estos días por la mayoría de candidatos será un divertido ejercicio. Porque los ayuntamientos irán mejor o peor, pero es seguro no habrá alcaldes con pasamontaña y metralleta en los plenos donde gobiernen unos; ni promotores de bigotillo y rubia de bote al lado cobrando jugosas cantidades por construir campos de concentración para librepensadores en los otros. Sin embargo, todas esas distorsiones dramáticas han sido ideadas por gente que, sin reparos, reivindica para sí el espacio de la moderación. Y lo que es peor, tienen sus manos cosas realmente importantes. Por lo tanto, si lo serio se toma con esa descorazonadora ligereza ¿no es normal que se haga lo mismo con asuntos más o menos triviales como puede ser el fútbol? El Real Madrid y su frenético entorno sabe que sí se puede. Y hasta cree que se debe.

Hace sólo tres meses, el equipo blanco era una nave a la deriva en medio de un motín. Los omnipresentes poderes mediáticos de Madrid culpaban a su entrenador, Fabio Capello, de haber llevado al club blanco “al peor momento de su historia”. Por supuesto, la dimisión del preparador italiano era lo menos que se pedía, ya que las formas de esos altavoces lindan de manera sistemática con el absurdo ofensivo. Todo está ya al nivel de la llamada telebasura. De hecho, cada vez es más complicado encontrar diferencias en el tono que se usa en A tu lado (cotilleo rosa), 59 segundos (disputas políticas) y El Rondo (debates sobre el Madrid con unos pocos segundos para el resto de la Liga).

Sin embargo, la anunciada y cruenta bajada a los infiernos de la entidad merengue se ha convertido, de la noche a la mañana, en la más gloriosa remontada que han visto los tiempos. Los mismos que hace nada dudaban que los blancos lograran siquiera una plaza en ¡Intertoto! (se ha publicado) creen que el horizonte de la décima Copa de Europa está más despejado que nunca. Sólo de vez en cuando alguno se desnuda y dice: “Si gana la Liga Capello debe quedarse, pero si no tendrá que salir por la puerta de atrás”. O sea, que un punto es la barrera que divide el trono del paredón. De locos. El reino de la crisis. Sea en el Bernabéu, en el Camp Nou (el Barça también es de debacles y alabanzas concatenadas), en Riazor, en La Moncloa, en la calle Génova, en la finca de la Pantoja o en la vida sexual de un concursante televisivo. Crisis, crisis y más crisis. Pensar que una palabra de tanto significado pueda depender de un gol de Cristian es de chiste. Pero así es. Un peligro a todos los niveles.

Hará falta término medio. Porque las sociedades adictas al temblor inventado y a la exageración traumática suelen crear monstruos. “Él hacía de la necesidad de crisis su oxígeno, gracias a ella podía sobrevivir, gracias a ella sumó tantos apoyos”. Lo dice el historiador Ian Kershaw en su biografía sobre... Hitler. Como para reflexionar ¿no? Pues hoy es día de eso. Y de fútbol también.

viernes, 25 de mayo de 2007

VEINTE AÑOS

Tal día como (...), 25 de mayo, hace dos décadas, se disputaba un partido en A Coruña. Y era de los importantes. Sin embargo, no fueron más de 15.000 las personas que acudieron al estadio. Las mismas que ahora son tachadas de asistencia mínima. Pero por entonces eran bastantes más de lo normal. Corría 1987 y el Deportivo disputaba la fase de ascenso a Primera División, aquel Play Off que había inventado la Federación para añadir mayor intriga al torneo y luchar así contra el empuje de un baloncesto que por entonces casi trataba de tú a tú al balompié. Así de distintas eran las cosas. Muy pocas permanecen inalterables desde aquella época. En lo que respecta al Dépor, apenas los símbolos, los socios más veteranos y alguna de las alrededor de diez peñas con las que contaba el equipo coruñés. Una de ellas nació aquel 25 de mayo. Por lo tanto sopla las velas (...) aunque ya lo festejó el pasado fin de semana para hacerlo coincidir con otro aniversario de relumbrón, el del título de Liga de 2000, un logro absolutamente utópico en aquellos días de 1987 en los que apareció por primera vez una pancarta en la que se leía un nombre: Riazor Blues.

Se medía el Dépor al Sestao, rival directo junto al Celta en la lucha por alcanzar la elite. Un partido polémico no sólo por la importancia del marcador (ganarían los vascos) sino por la identidad del árbitro, Villena Pena. Ese colegiado era el principal culpable de que los coruñeses estuvieran a esas alturas peleando por subir y no por mantenerse en Primera, puesto que un injusto penalti pitado por él en Oviedo un año antes había dejado, una vez más, al Deportivo a las puertas de los grandes. Volvió a ser gafe aunque la posibilidad de ascender siguió viva hasta dos semanas después, cuando en un derbi plagado de incidentes otro árbitro, Díaz Vega, frustró el ascenso con una inexistente pena máxima a Alvelo. Pero no todo fueron malas noticias aquel día 25. Por ejemplo, se pudo ver lo bien que se manejaba ya por los banquillos el entrenador del rival sestaotarra, un joven Javier Irureta. Otro vasco dirigía al Dépor, Eusebio Ríos. Faltaba una temporada para que volviera Arsenio y para que Lendoiro accediera a la presidencia. Sin embargo, los Blues ya estaban allí.

Jovencísimos y ruidosos, aglutinaban anteriores intentos de formar una peña fuerte de animación en Riazor, como fueron los Irmandiños e incluso los históricos Barrio Sésamo, con los que compartían grada. Su colorido supuso una novedad en aquellos años grises. Y en todo lo que vino detrás, errores incluidos. Pero esos fueron los menos. Porque nadie podrá escribir la mejor historia del Deportivo sin reservarle un hueco preferente a los Riazor Blues. En medio de tantos despropósitos vestidos de importancia como los de Taborda y Conchado, pensar en sus veinte años de vida es una de las cosas que reconcilian con esto del fútbol. Y falta hacen.

La Opinión (24-05-07)

jueves, 24 de mayo de 2007

PASILLOS

El Milan ganó la Copa de Europa como un buen italiano y el Liverpool perdió la final como un mal inglés. Le faltó ritmo y físico en los últimos instantes. Sin embargo, entre el gol postrero y el empuje de su gente mantuvo el tipo con cierto honor. La gloria fue milanista. Su eterno capitán, Paolo Maldini, levantó el trofeo en el palco. Con la llegada de Platini a la UEFA, se ha desterrado eso de entregarlo en el césped. Vuelven las formas clásicas, con una innovación. Los ganadores hacen un pasillo de homenaje al perdedor. Emotivo. Pasó en Champions y en UEFA, entonces con Sevilla y Espanyol de protagonistas. Los histriónicos altavoces del patriotismo español dijeron en Glasgow que aquello fue un espontáneo gesto de nobleza hispana y así lo vendieron, con el pecho hinchado de medallas castrenses. Ayer se demostró que es una nueva norma de los gestores del balompié continental. El gran detalle de generosa españolidad era mentira. Una de tantas. No sólo en fútbol.

martes, 22 de mayo de 2007

HÉROES PASAJEROS

Arbeloa es un buen jugador, con un presente interesante y un futuro espléndido. Empezó la temporada en A Coruña porque el Real Madrid le dio la espalda, lo que fue aprovechado por el Dépor para ficharlo. En el Bernabéu todavía se tiran de los pelos por su falta de ojo ya que después de un lúcido arranque de Liga con los blanquiazules el Liverpool se interesó en sus servicios y allí está ahora mismo, a la espera de jugar o ver desde el banquillo la final de Champions de hoy. Así de rápido todo. Del Castilla al Liverpool con parada en el Dépor en menos de un año. Elogioso. Y exagerado.

Pero quizá Arbeloa sólo cumpla durante otra temporada más en Anfield y después vuelva a España a jugar en algún equipo de categoría medio-alta. No es tan descabellado pensar que pueda ser así. No es ningún crack y lo mismo le pasó, por ejemplo, a Nuñez y Josemi. Ganaron una Copa de Europa desde un perfil decente, sin embargo ahora forman parte del pelotón, sin estrellato. Su gloria va camino de ser un recuerdo familiar, no un hito popular. Y duele que sea así. Porque se va perdiendo la excepcionalidad. Antes, jugar en el Liverpool o similares era algo único, al alcance de unos pocos elegidos. Ahora, da la sensación de que cualquier jugador joven que hoy anda por la zona baja de Segunda puede ser titular dentro de un año en la final de Champions. Un peligro. Ese es el camino más rápido para acabar con los héroes.

En fútbol, determinadas cotas necesitan muchos méritos. Existen unas leyendas que cuidar. Y ante ellas no todos los futbolistas poseen el mismo derecho. Hay desigualdades. Y ellas son otra de las cosas en las que el fútbol es como el mundo, aunque en este caso con razón. La pena es que tanto ímpetu igualitario no llegue a la vida a diario y sí a donde no debería hacerlo.

domingo, 20 de mayo de 2007

SUSTITUTOS

Lo del Dépor con el Sevilla esta temporada está siendo una pesadilla y también una pesadez. Tres partidos se han disputado ya entre los dos equipos. Serán cuatro con el de hoy en Riazor. Por ahora, el balance humilla a los blanquiazules que han recibido nueve goles sin marcar ninguno. Un dato que simboliza bien los caminos de uno y otro. Los locales, apagados pero a salvo de sustos como los de sus vecinos. Los visitantes, con la verbena aún colándose por los oídos después de la fiesta de celebración de la UEFA, que puede doblarse con Liga y Copa. Un rodillo como bien se le definió por A Coruña hace un mes. También una referencia para este verano. No porque el Deportivo esté en condiciones de construir un plantel para luchar por el triplete el curso que viene, sino porque todo indica que tendrá que hacer frente a una maniobra similar a la que efectuó el club del Pizjuán hace dos años: sustituir a Caparrós.


Por mucho que el pequeño incidente de la ida copera le obligue a evitarlo, hablar de un Dépor-Sevilla es hacerlo del utrerano. Aunque en esta ocasión las miras ya señalan con más fuerza hacia su posible reemplazo. La pretensión oficial por parte de Lendoiro es la de que cumpla su contrato pero las gestiones silenciosas parecen indicar lo contrario y han abierto por primera vez la puerta a un posible divorcio de buenas maneras. Si ello ocurre, como por otra parte la lógica recomienda, la entidad coruñesa se verá en un trance al que tampoco está demasiado habituada: la búsqueda de un técnico. En los 19 años de gestión de Lendoiro, sólo ocho preparadores han pasado por el banquillo blanquiazul, una cantidad minúscula si se compara con las que se estilan por el fútbol español pero normal cuando la equivalencia se dirige a otros lugares con menos panderetas acompañando al balón como, por ejemplo, las Islas Británicas.


Por lo tanto, la línea de Lendoiro con los entrenadores es la de evitar las pruebas y apostar por los proyectos, aunque estén gravemente lastrados por la economía como pasa ahora. No era el caso del Sevilla cuando en una rueda de prensa repleta de lágrimas Caparrós anunció que dejaba el equipo de su vida. Pero el que entonces era su presidente, José María del Nido, también buscaba alguien en quien confiar un buen tiempo. Su decisión sorprendió, no tanto por el pasado bético del elegido sino por su perfil personal, bastante alejado del que presentaba un Caparrós al que la grada idolatraba. Llegó Juande Ramos, un personaje de pocas palabras, sin pretensiones sentimentales y menos creyente en los aspectos pícaros del balompié. Ahora triunfa al más alto nivel. Nadie duda de sus virtudes, pero la clave quizá resida en otro factor del fútbol actual. Y es que cada vez hay menos equipos de entrenador y más de jugadores.


El éxito del Sevilla actual es sobre todo el de la buena elección de las piezas que salen al césped. Por eso en los catálogos de la admiración ocupa un lugar más brillante el director deportivo, Monchi, que el propio técnico. De ahí que la elección del sustituto tuviera en su día un peso menor. ¿Está en esa misma situación el Dépor? Para nada. Sus limitaciones le impiden entrar con galones en el mercado, por eso tendrá que esmerarse mucho a la hora de elegir al jefe del banquillo. Porque él tendrá que hacer a los jugadores. Caparrós valía para eso. Pero quizá contaba con tener algo del camino hecho. Cuando vio que no era así, se desmoronó. Ahora, el que venga sí está avisado.