sábado, 9 de junio de 2007

NECESARIOS DISIDENTES

El fútbol es un mal lugar para la autocrítica colectiva. Por algún concepto desviado de la estima, muchos hinchas tienden a ver a sus clubes como entes inmaculados donde no cabe el defecto. Es una malformación propia de folclóricas que ha encontrado acomodo en diversas situaciones. Igual que la cantante de turno se ve a obligada a gritar y casi llorar las bellezas del lugar en el que se encuentra (da igual que se trate de un amontonado terrible o que no lo conozca más allá de la Plaza Mayor) la falta de cultura futbolística que abunda por España ha hecho norma de ese “Murcia que bonita eres” que traspasado al balón conduce al “Bollullos, eres el mejor”. Sin embargo, no lo es. Y a nadie debería parecerle mal esa evidencia. Si embargo ocurre. Porque se confunden sentimientos con realidades.


No hace falta ganar todo para amar a unos colores y lo que ellos significan. El Dépor, obviamente, no está ni siquiera entre los diez mejores clubes del mundo, aunque sí accedió a ese nivel en sus etapas más gloriosas y todavía aspira a asomarse de nuevo por ahí. Pero la actualidad objetiva es otra. No obstante, una buena parte de la hinchada blanquiazul se siente agredida cuando otros, después de intentar sin éxito conocer una verdad que los tranquilice, se ven obligados a declarar en voz alta que la situación económica de la entidad es muy preocupante. No son uno, ni dos, ni tres. Pero desde la radicalidad se les acusa de antideportivistas. ¿Su pecado? no mantenerse en esa pasión ciega y antigua que impone que “somos los mejores y todo lo tenemos bien”. Sin embargo, no se conoce circunstancia en el mundo que haya avanzado sin antes reconocer sus errores. Asumir una enfermedad es el primer paso para superarla, dicen los médicos. Pero existe una caduca fe de hincha que prohíbe los chequeos. Todo va fenomenal y el que diga lo contrario es un enemigo de club. Pues no. Seguro que entre las muchas personas que ahora ven con inquietud esos problemas del Deportivo, los mismos que desde su dirección se pretenden ocultar, se quejan con la más constructiva de sus intenciones. Es posible que en su mismo bando haya otros con motivaciones menos edificantes, pero la parte no hace el todo. Pedir transparencia no es un método para destruir un club, sino para mejorarlo. Es legítimo. Y si por detrás no hay intereses de otro tipo, hasta elogiable.


Pero hay quien protesta porque varios deportivistas se niegan a decir que todo va bien. Se les acusa de antideportivistas por denunciar la presente situación incluso a nivel estatal. Es parecido a lo que pasaba en la Península hace más de treinta años. Había unos que hablaban con políticos extranjeros y en vez de cantarles que España era la mejor les hacían ver que algo olía mal allí abajo, donde a ellos se les trataba de traidores. Pero si no fuera por aquellas quejas, todo seguiría como hace tres décadas. O sea, asqueroso aunque las folclóricas decían lo contrario.

1 comentario:

mané garrincha vive dijo...

marujita diaz matarrrrrr

hecha esta salvedad, me sigue alucinando el borreguismo de las dos trincheras. nao aprende coruña nao.