jueves, 19 de abril de 2007

GOLES PARA TODOS

Somos egoístas. Recuerdo haber vivido en directo por la tele aquella obra de arte incomparable de Maradona contra Inglaterra en 1986. Al momento, fui consciente de ser testigo de algo que otros buscarían con dificultad en los telediarios o en el resumen del Mundial por la noche. Había algo de elección y orgullo en aquel éxito individual. Muchos oirían hablar del gol, pero para verlo tendrían que bucear por la cadena única, a ver si tenían suerte.

Ayer, Messi firmó otro tanto espectacular y sorprendentemente parecido al de Diego. Pero ahora el bombardeo mediático ha convertido en colectivo lo que antes poseía un sensacional toque de elección personal. Las teles, cientos de páginas de Internet, las pantallas de los gimnasios, los bares, los e-mails... en todas partes aparece Messi superando al Getafe. Es cómodo y accesible. Sin embargo, se ha perdido ese orgullo del elegido, el placer de haber acertado, algo que era como leer y admirar a García Márquez antes de que fuera popular. Suponía un pequeño pecado elitista, pero aportaba mucho. Porque si te lo dan todo hecho ¿para que desarrollar la capacidad de elegir? Y sin ella, sólo seremos los dóciles autómatas con los que muchos sueñan vernos convertidos.

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