lunes, 30 de abril de 2007

CONFLICTOS PERSONALES


(Publicado en La Opinión A Coruña)

LOS POLOS IGUALES

Rodri Suárez

Al fútbol le gusta picotear. Un poquito de aquí y un algo de allá. Tiene su faceta psicológica, sociológica y hasta filosófica. Por supuesto, también la política y la economía disponen de amplios espacios en el mundo del balón. Menos especificado está el vínculo con la electrónica. Sin embargo, uno de los dichos fundamentales de ésta resulta imprescindible para comprender lo que ocurre en algunos vestuarios. Se trata de aquella que indica que “los polos opuestos se atraen; los polos iguales se rechazan”. La segunda frase explica el porqué de que hoy Lionel Scaloni triunfe en el Racing y se enfrente al Dépor, donde por lógica debería aún lucir el brazalete de capitán.

El verano de 2005 fue tiempo de nuevas esperanzas para el conjunto blanquiazul. La ilusión era tanta que el anunciado trauma derivado de la marcha de Fran y Mauro Silva (después también Irureta) parecía una exageración de periodistas sentimentales. La dejadez y la rutina con la que había acabado la anterior temporada dejaba paso a una reactivación anímica monumental que ofrecía sus primeros resultados relevantes en Intertoto, ante un rival de empaque como el Newcastle británico. Ya se hablaba del efecto Caparrós. El plantel ofrecía una nueva unidad que se reflejaba también en el campo. Quizá en aquella eliminatoria contra las urracas y en la ida ante el Olympique fueron las únicas ocasiones en las que se vio el Dépor que deseaba el utrerano. Sin mucho toque pero de fútbol vertiginoso, ofensivo y muy contundente a la hora de defenderse. Poco artístico pero para nada aburrido. Y con una agresividad importante. Se demostró en un par de grescas ante Shearer y compañía. El equipo se hacía respetar como nunca. Desaparecía de un plumazo uno de los pocos defectos del mandato de Jabo: la falta de sangre táctica. Todo apuntaba bien. Y la plantilla lo disfrutaba. Los vuelos anárquicos e indiferentes de antaño eran sustituidos por fiestas a miles de metros de altura, con la cumbia argentina siendo coreada desde los asientos, para asombro e interés de acompañantes y azafatas. La procedencia de la elección sonora no era casual. Los suramericanos, con esa cultura de comunidad, pillería y orgullo que arrastran, parecían destinados a liderar la nave blanquiazul. Por algo se estrenaba Scaloni, el más pasional de todos ellos, en la capitanía. El portador del brazalete no dudaba en exteriorizar su gozo. Por fin parecía que alguien le entendía. Era Joaquín Caparrós. Un polo igual a él. Pero la norma de la electricidad no tardó en aplicarse y lo que parecía una ventaja se convirtió en una condena.

El carácter de Scaloni y el del técnico no tardaron en chocar. A pesar de la indudable valía futbolística del argentino para una propuesta como la del andaluz, el celo del banquillo por mantener su liderazgo rompió la conexión y terminó con Leo cedido en el West Ham y después liberado por el club junto a Tristán, aunque la razones de rendimiento que existían con el delantero no se correspondían con las del ex capitán, que fichó por el Racing, a donde llegó en la frontera del cierre del plazo y tardó en entrar en acción. Al final, se hizo con un puesto. Y según la mayoría de los analistas cántabros, su aportación en el centro del campo es una de las claves que mantiene al equipo de Miguel Ángel Portugal cerca de la UEFA. Mientras, el Dépor no encuentra una línea medular fija y paga su falta de carácter en partidos básicos como el derbi o las semifinales de Copa. Si, como parece, los entrenadores toman nota de todo, semeja evidente que este caso debería obligarles a reflexionar e imponer una asignatura de electrónica en el curso que concede el título. Así podrían aprender los trucos que permiten la normal convivencia de dos polos iguales.

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